Te miro desde lejos,
sabiendo que tú jamás me miraras,
no verás todo lo que hay detrás de mi piel pálida.
Te escucho reír,
sabiendo que tú jamás te reirás conmigo
que jamás nos reiremos de algo juntos, de algo que solo sabemos tu y yo.
Te escucho hablar,
sabiendo que jamás hablaremos,
que jamás mantendremos una conversación con sentido,
que jamás nos diremos más que un hola y un adiós.
Te veo mirarla,
abrazarla,
besarla,
sentirla,
escucharla,
te veo hacer todo lo que jamás harás conmigo.
Te veo crear un futuro,
mientras yo estoy atascada en un presente
con tu nombre.
Y sin embargo,
sabiendo que jamás va a pasar,
siempre se me pasan miles de tonterías por la cabeza,
por que la imaginación y la esperanza son lo último que se pierde.
Vivir a ciegas es cosa de enamorados,
pero el problema es que no perdemos la visión,
si no la coherencia,
y dejamos que nuestro corazón se nuble de una espesa nube de esperanza,
cuando realmente,
no hay ninguna posibilidad.